TERCERA EDAD
 

Los avances de  las ciencias médicas, han determinado que el ser humano viva cada vez más. Enfermedades como las artropatías, la insuficiencia cardiaca o coronaria, la diabetes o las infecciones,  han  cambiado su evolución gracias a nuevas drogas y terapéuticas específicas.

La humanidad debe prepararse para asistir a personas que progresivamente van a vivir más tiempo, para prevenir males por medio de vacunas, para rehabilitar, para integrar a los gerontes a las actividades productivas.

El programa de  Salud Familiar y Envejecimiento de la Organización Panamericana de la Salud, plantea la necesidad de "invertir en una población que envejece" a través de:
1)-Programas de aprendizaje a lo largo de toda la vida, para generar condiciones de autoabastecimiento.
2)-Eliminar la discriminación por razones de edad en el lugar de trabajo.
3)-Implementación de políticas que garanticen ingresos, para ofrecer una protección económica adecuada a personas de edad.
4)- Acceso a una atención médica para prevenir el deterioro en la salud que genera la pobreza.

En los Estados Unidos hay más de 50 millones de personas mayores de 60 años. En el año 2025, la población anciana de los países del primer mundo superará a los jóvenes, generando un redimensionamiento de las condiciones sociales. La tercera edad exigirá asistencia, consideración, proyecciones, inserción laboral, rehabilitación, capacitación, inclusión dentro de programas de salud, tratamientos concretos para evitar la marginación.

El  dibujo poblacional que nos depara el nuevo siglo, será crítico en los países que no prevengan los cambios demográficos. La Argentina no parece especialmente preparada para estos cambios. La vejéz debería suponer el reposo, pero sin embargo,  sigue siendo una edad donde debe lucharse por una jubilación digna para sobrevivir. Debería ser una etapa excluida de sacrificios y privaciones, debería ser sinónimo de quietud.

No pueden pedirse sacrificios a quienes no cuentan con tiempo para disfrutar los resultados.

La crisis del PAMI, el deterioro prestacional de la salud pública, la desvalorización de los recursos humanos, la ausencia de capacitación, no conforman una imagen de un país preparado para desarrollarse, crecer y envejecer.

Los geriátricos no pueden seguir siendo lugares de aislamiento donde habitan personas que sólo esperan morir, donde se aparta a los ancianos de sus afectos, donde no se rehabilita ni se desarrolla laborterapia para que los viejos encuentren motivaciones. Ellos construyeron el presente que vivimos, y no merecen la indignidad del olvido. 

La tercera edad, no debería  entenderse como el final, sino como una continuidad en el “sentirse útil”  y con el sentido de  pertenencia a una sociedad sin exclusiones.

 “Somos un archipiélago unido bajo la superficie del mar de la vida y en ese mar nadie es una isla solitaria”.
                                           Luis Farinello

 
                                                                          Dr. Luis Alberto Laporta

 
 
 
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