RUIDOS
 

"El bien se hace sin ruido
el ruido no hace bien"

San Francisco de Sales

La función del sistema auditivo es convertir los ruidos en impulsos eléctricos, que serán enviados a la corteza cerebral para su decodificación.

De todos nuestros sentidos, el oído es el único que no puede defenderse naturalmente; ante un objeto caliente podemos retirar la mano, ante una luz brillante, podemos cerrar los párpados; sin embargo, a los oídos no podemos cerrarlos.

La civilización ha tornado a la vida más ruidosa. Con anterioridad a la revolución industrial, los ruidos eran básicamente los de la naturaleza, y la música de aquella época, los expresaba fielmente.

La industria, los automóviles, las maquinarias, aumentaron marcadamente el nivel de ruido de las ciudades y de los ambientes de trabajo, convirtiéndolo en un contaminante ambiental, responsable de lesiones auditivas irreversibles, de depresión síquica y de trastornos en la sexualidad en quienes se hallan expuestos. Esto dio lugar a legislaciones que protegen a los trabajadores de los niveles excesivos de ruido.

Una encuesta realizada por la Universidad de París, demostró que más del 90% de las personas asoció la palabra "ruido" con la juventud.

El oído humano tiene riesgo de lesionarse si se superan los 85 decibeles. Existen aparatos de presición para medirlos, llamados decibelímetros, pero una forma práctica para conocer el nivel de peligrosidad, es cuando el nivel de la voz para comunicarse entre dos personas debe elevarse hasta el grito. Si para hablar con otra persona debemos aumentar marcadamente nuestra voz, estamos en un ambiente que supera los 85 decibeles, y el riesgo de trauma acústico dependerá del tiempo de exposición a ese nivel de ruido excesivo.

En las discotecas existe, habitualmente, un nivel de ruido que excede los 90 decibeles; en estos lugares de diversión, la estrategia para aumentar la percepción y la motivación, consiste en enviar los sonidos graves hacia el piso (para lograr un impacto esquelético) y los agudos hacia arriba, en dirección a estructuras de cielorrasos reverberantes.

Se ha demostrado, además, daños por el uso del walk-man con volumen excesivamente alto.

¿Le estamos ofreciendo a nuestros jovenes una salud auditiva? ¿Estamos fabricando una generación de hipoacúsicos? Es un tema que debería preocupar a las autoridades, para su control , pero también debería motivar a los padres.

 
                                                                          Dr. Luis Alberto Laporta

 
 
 
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