IMAGENES
 

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, refiriéndose a la globalización, dijo que nunca antes el mundo había sido tan desigual en las oportunidades que ofrece, ni tan igualador en las costumbres que impone.

La cultura de la imagen se ha impuesto en nuestra sociedad, al punto de condicionar la capacidad de imaginación de los niños y jóvenes; imágenes que no permiten, muchas veces, identificarlas como reales o de ficción (las películas de acción se parecen a los noticieros). Internet ha aportado lo suyo para fabricar aislamientos y soledades. Los medios de comunicación son herramientas valiosísimas para perfeccionar la vida humana, pero también encierran riesgos en la dimensión en que se utilizan. La Televisión muestra crímenes, delitos y traiciones diversas a niños que no han desarrollado capacidades críticas ni la maduréz necesaria para excluirlos de sus modelos.

Los padres "confían" a la pantalla el entretenimiento de sus hijos, convirtiéndola en la más moderna de las guarderías.

Vivimos en una época donde la violencia es un código de comunicación: transeúntes armados, barrios cercados, sofisticados sistemas de vigilancias y el miedo siempre presente , son el signo de las grandes urbes. La violencia que la televisión propicia, es la misma que la sociedad padece.

La máquina de vapor inició en el siglo XVIII la revolución industrial, pero también precarizó el trabajo, la pólvora favoreció el desempeño de los mineros, pero también multiplicó las muertes en las guerras; igual tergiversación han sufrido los medios de comunicación, al punto de destruir más conocimiento del que transmiten. Un niño ve televisión durante varias horas por día, saturándose de imágenes, el mismo tiempo que debería dedicar a oler, a tocar, a adquirir sus propias experiencias, a edificar su propia historia para vivir en un mundo que va a exigirle mucho más cultura que imágenes vacias.

No podemos desdeñar el progreso, pero debemos condicionar sus excesos. Hace poco tiempo, un representante de una comunidad aborigen, decía que mientras los padres de las ciudades confían sus hijos a las pantallas, ellos los sientan frente al abuelo para que les transmita su experiencia de vida; niños sentados frente a su propia historia, sin duda van a ser hombres más íntegros y libres que aquellos repletos de imágenes que no los representan ni identifican.

Los padres debemos orientan a los niños y jóvenes: somos tutores del tallo y responsables de la semilla.

Los niños que pasan mucho tiempo frente al televisor no ejercitan sus habilidades motoras, no usan su iniciativa ni mejoran su comunicación, pierden su capacidad para percibir detalles y disminuyen sus retos cotidianos. Existen trabajos científicos que recomiendan que los niños no permanezcan más de dos horas diarias frente al televisor y otros que relacionan los excesos, con la obesidad infantil y los trastornos de conducta.

 
                                                                          Dr. Luis Alberto Laporta

 
 
 
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