Mientras un vaso de leche aporta 114 calorías y una gran cantidad de nutrientes (vitaminas A, B 1, B2 D, calcio, fórforo, hierro magnesio y zinc), un vaso de gaseosa proporciona 90 calorías “vacías” que desplazan la absorción de otros nutrientes de mejor calidad. Las gaseosas carbonatadas contienen cafeína que provoca insomnio en los chicos y aditivos, cuyo consumo no es aconsejable ya que estimulan la obesidad.
Tomar gaseosas en exceso aumenta hasta en un 60% la posibilidad de que un niño sea obeso; por cada litro de gaseosa diario, un niño aumenta 65 gramos de peso.
La fuente energética de las gaseosas son los carbohidratos (sacarosa, fructuosa, glucosa). En la placa dental existen bacterias que transforman estos azúcares en ácido láctico que, finalmente, termina deteriorando el esmalte y provocando caries.
Las bebidas “cola” contienen gran cantidad de ácido fosfórico, sustancia que interfiere con la absorción del calcio y puede provocar alteraciones en el desarrollo óseo.
LAS GASEOSAS NO SON UN ALIMENTO RECOMENDABLE NI NECESARIO para los niños. Están impuestas por modas y propagandas que inducen la demanda desmedida. No se trata de prohibir sino de condicionar el consumo. Debe redimensionarse el valor del agua natural, de los jugos de frutas naturales, del consumo de la leche que, no solo son más baratos, sino más saludables y nutritivos.
La salud es una construcción cotidiana y los hábitos se imponen en la niñez. La familia tiene un rol trascendente en la salud de los niños.
Dr. Luis Alberto Laporta |