EL SOL Y LA PIEL
 

La piel expuesta al sol requiere de protección. Los estudios científicos han demostrado que por cada uno por ciento de incremento en el nivel de radiación ultravioleta, hay un aumento del cuatro por ciento en la incidencia de cáncer de piel.

La tierra posee un filtro natural, la capa de ozono, localizada en la estratósfera, entre 15 y 50 km de altura; se trata de un compuesto inestable de tres átomos de oxígeno que actúa como una barrera para el paso de la radiación ultravioleta. El uso de los Cloroflurocarbonos, presentes en diversos productos como el freón (usado en los sistemas de refrigeración y aire acondicionado), aerosoles, pinturas, etc, son la causa de los famosos agujeros de ozono.

En realidad, no son verdaderos agujeros, sino más bien enrarecimientos progresivos de la ozonosfera, más pronunciados en los casquetes polares, debido a que las bajas temperaturas aceleran la acción destructiva de los contaminantes. Las dos poblaciones del mundo más afectadas son Ushuaia, ubicada a solo 1000 kms de la Antártida, y Södankyla en Finlandia.

La disminución de la capa de ozono determina la necesidad de protección solar, especialmente en aquellas personas que enrojecen con facilidad. Debe utilizarse fotoprotectores que bloqueen los rayos nocivos, responsables del daño progresivo, acumulativo e irrreversible de la piel de todas las edades, y especialmente de niños y personas con piel y ojos claros.

Los fotoprotectores tópicos son sustancias que tienen la capacidad de bloquear el pasaje de rayos ultravioletas de tipo A y B, ambas implicadas en el desarrollo de fotoenvejecimiento y tumores. El Factor de Protección Solar es un índice que marca la capacidad de protección de un determinado filtro: si una persona enrojece su piel a los 10 minutos de exponerse al sol, protegida con un factor 15, tardará 150 minutos en desarrollar el eritema solar..

Los filtros solares permiten que la piel inicie los mecanismos de defensa naturales como la pigmentación y el engrosamiento.

La moda ha cambiado. En la época de nuestros abuelos, los que tenían la piel tostada eran aquellos que realizaban tareas marginales y manuales, y los de piel blanca eran los que tenían mayor poder adquisitivo. Hoy vivimos en las antípodas de aquellos tiempos. Los riesgos han aumentado debido a que el confort ha inventado sustancias que destruyen nuestro entorno vital, y los factores de protección que la naturaleza diseñó durante millones de años.

Somos víctimas de nuestras invenciones y la piel es nuestra principal damnificada.

 
                                                                          Dr. Luis Alberto Laporta

 
 
 
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